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sábado, 25 de julio de 2009

El reloj marca la 1 de la madrugada del último domingo de julio de 2009, las sirenas se encienden como topos y los gritos desesperados inundan la avenida de la cuadra 36 de la gran portada, que al parecer todo ha sido convulsionado por las fuertes temperaturas del crudo invierno que está por empezar.

Miradas vienen y se van camino abajo, las piedrecitas del lugar, no datan que algo inesperado está por ocurrir, un salto inesperado de la noche y dos libros entreabiertos son el mejor indicio que algo ocurrió aquí. Un grito frío terminó por romperme el alma, un suspiro en el espacio y tres monedas que se cuelan entre mis zapatos negros, que por no ser tan exagerado son los últimos que me quedan desde el cuarto ciclo de la universidad.

¡Sangre!, bañada entre sendas cortinas populares que abundan sobre el mercado, utilizados como herramienta nocturna distraian la atenta mirada de un vigilante, que a quinientos metros solo imaginaba que ya llegasen las seis, y retirarse para darse una buena siesta.

Tres monedas que sumaban diez, tres como las hermanas de a lado, y tres como los grandes delincuentes de la conquista, una carta bajo la manga es lo único que traia despues de un largo día de trabajo, dos panes y una chaqueta color marrón, de pantalon de cielo y un anillo de sorteo le alumbraba el camino.

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